lunes, 2 de febrero de 2015

Piazzolla y su Concierto de tango grabado en el Philharmonic Hall de New York (1965): dos perspectivas



Al comienzo de The Conversation, de F. F. Coppola- un film para músicos y obsesos del sonido-, el protagonista, Harry Caul, un especialista en depuración y fidelización del sonido absoluto, declara ante un colega con el que están grabando a una furtiva pareja de amantes: “Todo lo que yo quiero es una excelente y precisa grabación.”
Es un afán típicamente moderno pretender encontrar en una obra de arte su número de oro, una medida absoluta, original y lo más prístina posible.
Ese espíritu depurativo no sería posible sin el avance- a veces beneficioso, otras desaforado- que la tecnología ha impreso sobre nuestra vida cotidiana y sobre los objetos del arte contemporáneo que el sujeto produce.
Al igual que en aquel film paranoico, la búsqueda obsesiva del sonido más perfecto puede traernos consecuencias un tanto molestas, o dejarnos en un manierista callejón sin salida.
Esta fue una de las tantas impresiones- sumadas a otras como euforia, admiración, frenesí, estupor, extrema melomanía, seguida de un dejo de desesperación- que me despertó el adquirir y estudiar las dos grabaciones (la del sello Seminal- Universal, del 2006; la de Philips- Polydor, del 2012) que en la actualidad existen en el mercado del Concierto de Tango grabado en el Philharmonic Hall de New York (1965), esa obra oculta e iniciática, donde se halla realizada en su más plena autoconciencia- en toda su teleología- la estética piazzolliana, y la de su Quinteto.
Existen dos claros criterios de estilo en la edición de ambos registros (el primero, conservador, el segundo, progresista), lo que, en alguna medida, le permitió a Polydor- la última edición en salir al mercado-, postularse como la versión definitiva.

Prevalencias del mono

La edición del sello Seminal (2006) presenta un sonido compactado, con preeminencia de una percepción estereofónica en las dos figuras principales del Quinteto Nuevo Tango: el bandoneón y el violín. Detrás de ambos instrumentos figuran, casi en sonido monoaural (si bien la grabación de aquel entonces fue en stereo), la guitarra y el piano, mientras el contrabajo aparece con un poco más de fuerza, marcando ligeramente los compases y las figuras rítmicas tan características del Quinteto. Que en la mezcla final de la grabación se haya dado prevalencia estereofónica a tan sólo dos instrumentos, hace que los otros tres por momentos suenen sobresaturados cuando tanto el piano, como la guitarra, adquieren relevancia mediante un solo o una marcación aguda. La prevalencia ideológica del “mono” configura al Quinteto como una unidad absoluta, una compleja y unívoca máquina de guerra (no hace falta recordar las metáforas bélicas que en repetidas ocasiones, Astor utilizó para definir a sus múltiples conjuntos). En términos generales, el audio parece hacer sonar al Quinteto como lo haría en vivo. Claramente, en este trabajo prima el todo por sobre los detalles de las partes.

¿Maravillas de la tecnología?

En la muy trabajada, por momentos excelente, remasterización que realizó Polydor (2012) prevalece el sonido abierto, en gama, con amplios matices y coloraturas que pocas veces se le oyó al Quinteto de aquella época. Aquí podríamos hablar de las maravillas que permite realizar una mezcla novedosa sobre la cinta original en stereo, lo que también lleva a inevitables consecuencias: los solos parecen fragmentos de cesionistas de un conjunto de cámara, prima la parte por sobre el todo, haciendo sonar brillosos los glissandi de Antonio Agri, las notas más delicadas de la guitarra de López Ruiz, y la marcación rítmica del teclado de Jaime Gosis (¿acaso su mejor grabación con Piazzolla?), pero todos ellos un tanto aislados entre sí. La remasterización consigue superar la saturación típica de las grabaciones piazzollianas de aquella época- trabajo que hasta ahora ni los propios curadores de esta edición pudieron lograrlo, por ejemplo, con la penosa grabación de RCA del Concierto para Quinteto, de 1971-, pero su depuración de sonido- aséptica hasta la obsesión-  le quita el efecto de conjunto y completud, tan característico del sonido arrollador, camorrero y agresivo del primer Quinteto, justamente en el estado de aseidad en que se encontraba por aquellos años.
El sonido tan abierto y “polifónico” de la edición de Polydor vuelve un tanto estridente los agudos más violentos del bandoneón, por ejemplo, en el tutti final de Milonga del ángel, o en el final de La Mufa, estridencia que nos recuerda ligeramente, y sin ánimos de exagerar, las quejas de un acordeón.

Mención aparte merece el (des)trato que ambas ediciones hacen de los EP´S que acompañan al Concierto de Tango (Melenita de Oro, 1965 y Revolucionario-Retrato de Alfredo Gobbi, 1967, en la edición de Polydor; Con Egle Martin, 1969, en la edición de Seminal). En ambos casos, se percibe el efecto “utilitarista” de economizar el producto disco, al agregarle temas a una cinta original que no sobrepasa los 45 minutos. Las compañías discográficas se proponen la tarea de “rellenar”, como si se tratase de una torta de cumpleaños, donde lo importante es el revestimiento visual, no el material con el que se confeccionan los interiores.
Aquí no hay ningún trabajo de mezcla, remasterización ni depuración de las cintas originales.
El timbrado disonantemente insoportable de las frases agudas y entrecortadas del solo central del violín en Revolucionario (Polydor) parece haber salido de una grabación casera. Lo mismo puede agregarse del efecto pecera o “cono del silencio” desde el que se percibe el tema Retrato de mi mismo (Seminal), posteriormente conocido como Retrato de Milton, que pareciera haber sido realizado en un galpón de Valentín Alsina.
El desacierto más penoso en ambas ediciones se lo lleva el arte de tapa y los textos de interiores (el de Del Priore- Seminal-, insulso y equívoco; el de Fischerman- Polydor-, informativo, pero en su brevedad, un poco divagante).
Me pregunto desde la más absoluta ignorancia, qué motivo lleva a una compañía discográfica a editar un disco inhallable y remasterizarlo minuciosamente, para terminar confundiendo al melómano, utilizando otra tapa a la originaria, que roza el mal gusto del turismo tanguero de la for export calle Florida; me refiero claramente al packaging de la edición de Polydor, la que se presume definitiva, y que hasta diciembre de 2014 se ha "prodigado" en cuatro volúmenes del mismo tenor.
En el caso de la edición de Seminal, el desacierto es menor, ya que la tapa utilizada es la de la primera edición porteña del LP, de 1972 (originariamente editado en Uruguay, en 1965), con un Piazzolla de perfil, barbado, como en su inconfundible época del Conjunto 9.

Para concluir, y a pesar de estos desencuentros, es más que valioso haber rescatado para la industria del CD, álbumes magistrales, singles y EP´S que exhiben una de las facetas más originales dentro de la cromática paleta creativa que Piazzolla supo desarrollar durante toda la década del sesenta, su mejor época.


Enero de 2015

3 comentarios:

Diego Fischerman dijo...

Estimado Ezequiel. Agradezco la minuciosa escucha y aclaro algunas cosas –las que tienen que ver con mi trabajo– en relación con la edición de la obra completa de Piazzolla grabada en Philips y Polydor. Coincido, por otra parte, en que el diseño es un error gravísimo por parte de la compañía. En la nueva edición se buscó agrupar los registros tomando como base los discos de larga duración, tratando de no fragmentarlos y agregando las otras grabaciones en los contextos más coherentes posibles. La diferencia de sonido entre los singles y EPs y los Lps existe en los originales. Los sellos discográficos dedicaban muchas menos horas de estudio a los "simples" y "dobles" y las fuentes son en la mayoría de los casos insalvables. Aun así se consideró –o mejor dicho yo consideré– que el valor documental y musical hacía preferible la eedición, aun con sus defectos sonoros, a la desaparición del material. Con respecto al disco que se tituló Concierto de tango en el Philharmonic Hall, tuvimos acceso a las cintas originales, que estaban en pésimo estado, y a la mezcla estéreo que se había utilizado en la edición japonesa. El resultado, a mi juicio, tiene una tridimensionalidad y una discriminación de planos –que no es mérito mío en absoluto sino de Diego Vila y Roberto Sarfati– que la convierte en un modelo de restauración sonora. En relación con las notas, si pudieras precisar los aspectos divagantes que allí encontrás, sería un placer para mí intentar aclararlos. Un saludo cordial. Diego Fischerman.

Diego Fischerman dijo...

Perdón. Releyendo la entrada original veo que allí se dice que en los simples no hubo trabajo de restauración alguna. Hubo muchísimo, aunque seguramente insuficiente dada la mala calidad de las grabaciones –contra las cuales es imposible hacer nada–.

Ezequiel Ambrustolo dijo...

Estimado Diego, como siempre, es un placer que visites mi blog, cosa que desde ya agradezco. En cuanto al trabajo de reedición, coincido en que el sonido de tu edición tiene un trabajo estéreo que claramente no lo tiene la edición de Seminal, hay muchos piazzollianos que prefieren el sonido mono (aún pese a cierta saturación que suelen sufrir los tutti piazzollianos), y critican el sonido de ingenieros como Kip Hanrahan. Yo, honestamente, no me ubico ni del lado de la reutilización de los elementos de la grabación, ni de los puristas que prefieren el deteriorado sonido primigenio. Cuando escribí ese texto, hace más de un año y medio, estaba un poco más fanatizado con la edición de Seminal, hoy creo que ambas son buenas, y tienen puntos a favor (en la de Seminal es básicamente lamentable el texto de Del Priore y la compilación que hicieron con el EP de Egle Martin). En cuanto a tu texto, creo que tomo como referencia tu libro sobre Piazzolla, lo que vuelve un poco decepcionante este tipo de liner notes (como ocurre muchas veces con las escritas por Nat Hentoff o Leonard Feather, que terminan siendo demasiado anecdóticas, o "periodísticas"), y como dijera Bustos Domecq, parafraseando a Gracián: "Lo breve, si breve, dos veces breve."
Va un abrazo,
E